Disyuntiva | Ser profesional o dedicarme a ser madre a tiempo completo.
- Lilliam Carolina GT

- 5 ago 2022
- 3 min de lectura
Actualizado: 19 ago 2022

Cuando mi esposo y yo éramos novios, mi mamá solía hacernos bromas acerca de cómo pasábamos el tiempo. Ella creía que estábamos como le declara Gilbert a Anne, en la serie "Anne with an E": <<Tú eres el objeto de mi afecto y mi deseo.>>; y pues, no es que no hubiera bastante de eso, pero sí hablábamos mucho y de todo un poco. Desde entonces, aclaramos lo que cada cuál deseaba a futuro, cuántos hijos tener, cómo educarlos, la religión, administración del dinero... En fin, discutimos todo aquello que los novios suelen pasar por alto y que se convierte en un problema, si no se habla antes de el matrimonio.
La decisión de dedicarme completamente a la maternidad, fue de las primeras cosas que hablamos cuando iniciamos el noviazgo. Ésa era una decisión que ya había tomado cinco años atrás, cuando nació en mí el deseo de convertirme en madre, y no era negociable. Si no se compartía el mismo plan o intención, debíamos terminar antes de enamorarnos para no salir heridos. Afortunadamente para mi esposo, él estuvo de acuerdo... En contra posición de la opinión de los no invitados, muchos creyeron que se trataba de un referendum, y nada que ver.

Mi decisión se originó por un profundo deseo de agradar a Dios, y tratar de hacer siempre su voluntad en todo aspecto de mi vida. Sin embargo, desde el primer momento pude ver el fruto de lo más sabio que he hecho nunca antes ni después. He aprendido mucho sobre la importancia de un desarrollo integral para los niños, que determina el futuro de su vida adulta. Pero también, es el más grande privilegio, alegría, gozo, y fortuna haber estado y seguir estando con ellos cada momento de sus vidas. Ellos son tan diferentes de la mayoría de los chavalos de su edad, respectivamente.
Un día leí a alguien que escribió sobre el lado de Suiza que todos desconocen; y es que se ve mal que las madres después de dar a luz regresen a sus trabajos <<es un país de machistas>> aseveraba la persona. Sin embargo, yo lo veo desde otra perspectiva, es un país con una sociedad súper bien organizada, saben vivir, no trabajan para vivir, dan lo mejor de sí, y por eso son mesurados, serenos, sabios, prósperos, y felices.
Esta historia, sin embargo, tiene otro lado de la cara. Ha sido duro, porque la ayuda en las cosas del hogar las he tenido eventualmente, no de forma permanente; y mi horario de descanso era inexistente: todos los días de la semana, las veinticuatro horas al día. Sin embargo, es un lujo que no todas las personas se pueden dar, y en otras ocasiones no les nace hacer, y como siempre digo, todo lo que se haga pensando en el bienestar de los hijos está perfecto, no tenemos por qué opinar sobre las decisiones o elecciones ajenas.
He luchado con la sobreprotección con la que he rodeado a mis hijos, he tratado de criarlos con la libertad que me dieron mis padres, pero me resulta como los alcohólicos anónimos; suelto y aflojo la cuerda cada tanto, para que aprendan por su propia cuenta y estoy ahí por si necesitan ayuda. Que el mérito no es sólo mío, mi esposo es mi complemento ideal, nos moderamos el uno al otro, el agarra y yo suelto y viceversa.

De las personas que Dios utilizó para que me acercara a él, aprendí que, nuestro Padre Celestial nos manda a hacer las cosas según su Palabra porque quiere que vivamos la vida felices y libres de peligros y sufrimientos, quiere que tengamos una vida plena, llena de satisfacciones y éxitos, y es precisamente mi premisa de madre.
Cosas de la vida: De adolescente, recuerdo que mi mamá me repetía las cosas una y otra vez; yo le decía (o lo pensaba no más, no recuerdo bien): <<Parece grabadora, repite y repite lo mismo todos los días>>; hoy día, yo lo hago con mis hijos cuando es necesario, y eso fue lo que evitó que me casara chavalita, saliera embarazada, o dejara mis estudios. Así que, gracias mama, gracias papa, por todo el amor y dedicación que me han brindado.



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