El secreto de una buena relación conyugal
- Lilliam Carolina GT

- 5 ago 2022
- 4 min de lectura
Actualizado: 19 ago 2022

Hace casi dos décadas, mi esposo y yo, emprendimos un camino maravilloso, un malinche con vainas y flores al mismo tiempo. Nos casamos por lo civil un mes antes de la boda eclesiástica, pero sólo iniciamos la convivencia, hasta la segunda, pues era la que verdaderamente nos importaba, porque lo que buscábamos era el consentimiento y la bendición de Dios, no la de los hombres.

La ceremonia fue por la mañana, así que invitamos a nuestros familiares, y a algunos pocos amigos -eran más de parte de mi esposo que míos, porque la fiesta era básicamente para él, a mí eso no me interesaba, ya saben <<cada cuál tiene su gusto>>(Pepe Grillo, en Pinocho)-. Bailamos unas cuantas piezas, y salimos disparados a iniciar nuestra luna de miel. Él no quiso que nos despidieramos de nadie, parecía realmente urgido, y yo accedí tan fácil como la Suche Malinche con Don Forcico, -en la versión infantil de "El Güegüense", de la maravillosa escritora María López Vigil-, cuando el hijo del Güegüense le pregunta a la Suche Malinche si quiere casarse con él, ella le responde inmediatamente <<¡si, pues! -tapándose la cara, como en ademán de recato, con su abanico de mano->> .

Ya me los imagino pensando qué cosas, porque les he dejado el espacio para pensar la razón que tenía para tanto apuro por llegar al hotel, si sé, pero jamás van a acertar el motivo.
Bueno, pues llegamos a donde pasariamos las primeras dos noches juntos, nos registramos, nos dieron el cuarto, y al estar al fin solos en la habitación, corrió a buscar la biblia, y una vez que encontró lo que buscaba, me dijo <<vamos a orar>>, así que nos pusimos de rodillas, y comenzó a leer...
Tobías 8: 4-8
"4. Los padres salieron y cerraron la puerta de la habitación. Entonces Tobías se levantó del lecho y le dijo: «Levántate, hermana, y oremos y pidamos a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos salve.» 5. Ella se levantó y empezaron a suplicar y a pedir el poder quedar a salvo. Comenzó él diciendo: ¡Bendito seas tú, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu Nombre por todos los siglos de los siglos! Bendígante los cielos, y tu creación entera, por lo todos. 6. Tú creaste a Adán, y para él creaste a Eva, su mujer, para sostén y ayuda, y para que de ambos proviniera la raza de los hombres. Tú mismo dijiste: No es bueno que el hombre se halle solo; hagámosle una ayuda semejante a él. 7. Yo no tomo a esta mi hermana con deseo impuro, mas con recta intención. Ten piedad de mí y de ella y podamos llegar juntos a nuestra ancianidad. 8. Y dijeron a coro: «Amén, amén.»"

Desde antes de saber con quién me casaría, le pedí a Dios que el hombre para quien me había preparado, lo amara a Él por sobre todas las cosas, y ésa es una de las razones por las que me enamoré de mi esposo, sin embargo, ese día me enamoré de él aún más, cosa que uno piensa que, cuando se está perdidamente enamorado no es posible amar más de lo que ya lo hace.
Amar a Dios, vivir o tratar de vivir de acuerdo a sus mandamientos, no nos libra de vivir situaciones difíciles, no porque nuestro Padre Celestial ande furioso y decepcionado de nosotros por nuestras acciones o actitudes. Algunas veces es porque todo acto tiene sus consecuencias, otras porque como buen alfarero nos da forma y más de una vez debemos pasar por el horno para hacernos más fuertes y hermosos.

La mejor arma que tiene todo matrimonio es la oración en pareja. Ponernos de rodillas es lo ideal, lo justo, y necesario.
Aunque mi esposo y yo, tenemos carácteres fuertes, al nombrar a Dios e invitarlo a ayudarnos, ambos cedemos a la petición del otro. Recuerdo la primera vez que discutimos, le dije <<vamos a ponernos de rodillas para orar>>, a lo que él me refutó <<¿cómo vamos a orar si estamos enojados?>>, entonces le dije con fuerza <<Él siempre nos escucha, y nos va a ayudar a calmarnos>>, y así mismo ocurrió, cada vez que discutimos tan fuerte que no queríamos ni vernos, nos arrodillamos.
En todas partes como ley mágica te aconsejan que no te vayas a dormir enojado con tu pareja, pero ¿cómo van a reconciliarse, si están molestos, el uno con el otro?, al menos yo no podría, ni saliendo a caminar una hora sola, o gritando al vacío hasta el cansancio, ¡noooo, que va! esa paz al menos a mí sólo me la da mi amoroso Padre Celestial, derramando sobre mí su Espíritu Santo. Él siempre nos escucha y atiende, aunque no nos percatamos de ello.
Si bien es cierto las vicisitudes y desavenencias van a presentarse cada tanto en nuestras vidas, pero es un hecho que Dios siempre está con nosotros. Por ello doy gracias cada día, y le encomiendo siempre proteja el amor entre mi esposo y yo; y nuestro matrimonio, de terceros; y hasta de nosotros mismos. Cada día decido amar a mi esposo, y él a mí, por eso seguimos juntos. Y en estas casi dos décadas tuvimos años de distancia emocional, que es peor que la física, pero Dios ha hecho que nos reencontremos, y hoy día lo percibo sublime.
Cuidemos como el mayor de nuestros tesoros nuestra relación conyugal, es parte fundamental del plan de salvación de Dios.
Gracias por leerme, y que Dios les bendiga.



Comentarios