¿Dominante o sumisa?
- Lilliam Carolina GT

- 12 ago 2022
- 5 min de lectura
Actualizado: 19 ago 2022

Era 1991, tenía 14 años de edad, cursaba el tercer año de secundaria, y tuve la suerte de tener a la mejor profesora de Español, una maestra que cambiaría mi vida para siempre. Fue la primera educadora que me invitó a pensar, que me dejó expresarme, que me impulsó a la competitividad como nunca antes ningún otra persona lo había hecho, me enseñó a amar la lectura; pero sobre todo sin expresarlo verbalmente, me dijo "sos la mejor, sos fuerte, sos exitosa". Cuando trato de recordar su nombre, no lo logro y no entiendo por qué lo he olvidado, si marcó mi vida para siempre; parece que necesito una resonancia magnética, porque entiendo que olvidemos los traumas, no lo que nos deja una huella tan positiva. Pero bueno, lo que me trae a compartirles esta vez, es que las mujeres, en la mayor parte del globo terráqueo somos educadas para cedernos, obedecer, seguir, aceptar todo, callar, y apoyar. .
Recuerdo tan vívidamente el día en que conocí a quien hoy es mi esposo, no fue amor a primera vista, eso sí, me gustó mucho.
Como ya bien les conté en otro artículo, no fue, sino hasta cinco años después que logré notara era la mujer que Dios había preparado para Él, y que yo, era esa gran bendición que él había esperado por tantos años...ja, ja, ja...lo digo en serio.

Desde el noviazgo hasta los primeros 15 años de matrimonio, no había nada más perfecto para mí, que él, después de Dios; a casi todo lo que él decía que se hiciera, lo hacía, aunque no siempre con el mejor ánimo, pero se hacía, - desde el color y detalles de diseño de la casa, hasta poner en discusión cosas que ya habíamos acordado hacer antes de casarnos. No estoy culpándolo, tampoco me culpo, son errores que cometemos cuando nuestro concepto de amor está tergiversado.
El primer día de mi clase de Introducción al Derecho en la universidad, al terminar la hora de clase, el profesor concluyó diciendo <<el acto repetido lleva a la costumbre, la costumbre a la norma, y la norma a la Ley>>, y es así como las relación hombre-mujer funciona. El detalle es que, con la edad si observamos aprendemos, por eso en mis cuatro décadas y tantos, soy capaz de notar costumbres arraigadas en detrimento de las mujeres. Por favor, no se confundan, no soy feminista, ni machista, soy consciente, hoy día tengo una visión más clara de las cosas, y tengo la experiencia que no tenía a los 26 años que tenía cuando me casé.

En el año 1997 conocí al hombre que me inspiró a casarme; no, no es mi esposo, aunque a él lo conocí ese mismo año. Desde entonces quise formar una familia, un hogar, pero quería que fuera una familia para toda la vida, así que cuatro años más tarde, le pedí en una oración súper rápida y puntual a mi Padre Celestial, que escogiera y preparara para mí al hombre para quien Él me había preparado, el único detalle que pedí era que fuese un hombre que lo amara a Él por sobre todas las cosas; y así no más seguí mi vida sin pensar más en el asunto. Estaba segura que si yo lo escogía lo iba a hacer mal, y de verdad quería que esto funcionara, por mi, por la pareja que no sabía si ya conocía o no, y por los hijos que tuviéramos.
En ese afán, aún habiéndome casado con tantas ilusiones, transpirando amor, deseo, puras cosas buenas, en el matrimonio si se deja que terceros intervengan u opinen, escuchamos el mensaje sin percatarnos de la malicia del mensajero; pero ¿qué es más peligroso: el mensaje o el mensajero?, para quienes no sepan la respuesta, es el mensajero, pues no hay garantía que el mensaje sea cierto, el mensaje pudo ser creado por el mismo mensajero.
Si estamos cerca de alguien que nos trata mal -y no es sólo maltrato físico, sino psicológico (chantajes sentimentales, apelativos)-, poco a poco vamos perdiendo el autoestima, y una vez que carecemos de eso, somos como un imán para todos aquellos que viven infelices y sólo comparten su veneno, matándonos el autoestima, de a poco, sin darnos cuenta.

El amor, debe ser consciente, con claridad de mente, lúcido -que no nos embriague al punto de adormecer los sentidos por completo- para que haya equilibrio en la relación. Muchas veces no es que el hombre o la mujer sean machistas, es que estamos acostumbrados a roles designados desde siempre, que terminan en convertirse en norma, resultando nos tan natural que fluye casi tan imperceptible, que no notamos la falla. Yo siempre he sido una persona feliz, fuerte, alegre, divertida, segura de mí misma, y no me di cuenta en qué momento fui perdiendo mi autoestima, poniendo a otra por encima de mí. Nadie me lo pidió ni me lo exigió, asumo toda la responsabilidad.
Sólo fue hasta que llegué a tocar fondo que reaccioné, no sé si son los años de vida o el espíritu santo que me hizo despertar y me enseñó el camino por donde fui dejando pedazos de mi, para luego unirlos, entonces Dios me unió con su amor, dejando sólo paz, sabiduría y amor, para mí, y para todos los que me rodean. Hoy soy fuerte, estoy alerta, amo con los ojos, la mente y el corazón bien abiertos, y pongo freno a todo aquello que amenace mi integridad emocional, física o espiritual, y la de los míos (hijos, y esposo).

Todo lo anterior fue posible, sí y sólo sí, porque mi esposo y yo oramos durante nuestro noviazgo y nuestro matrimonio antes de tomar decisiones, el espíritu de Dios nos ha guiado y protegido, porque créanme que, en el camino hemos tenido que cortar tantas cizañas. Creo que en un determinado momento éstas habían acabado con nuestro amor, pero como es algo que uno debe decidir, pues yo lo hice, y volví a enamorarme de mi esposo. Fue así como hablando, comunicándonos, y orando, Dios reconstruyó nuestro amor, volviéndolo más sublime de lo que nunca antes fue. El matrimonio vale la pena, y debe vivirse con amor, respeto, aceptación y perdón, hacia uno mismo y hacia el cónyuge. Dios instauró la familia para vivir en amor, nos da estabilidad, seguridad y fortaleza tanto a la pareja, como a los hijos de la misma.
Esta situación la viven hombres y mujeres, no es cuestión de machismo o de sexo. Se trata de un desequilibrio, falta de comunicación, y lo peor de todo dejar que terceras personas se inmiscuyan en una relación que es sólo de dos en unión con Dios. Por favor, recuerden, primero Dios, luego uno, después los hijos y el cónyuge, y luego lo demás. Cuiden siempre su autoestima, tomando sólo lo bueno de los demás, y apartando todo aquello que nos hace daño. De la estabilidad personal (individual) depende la estabilidad de la pareja, y ésta, la de los hijos, y el plan de Dios que es la familia. Y no es justo que Jesucristo haya venido al mundo a dar la vida por nosotros, para que nosotros lo destruyamos.
Recuerden: vida individual sana → relación conyugal sana → hijos sanos → familia sana.
Dominante y sumisa son extremos, los extremos no son buenos, hay que encontrará el equilibrio.
Mi cariño para todos. Hasta la próxima y que Dios me los bendiga.



Me alegra tanto, ya varias personas en privado me expresaron tu mismo sentir. Me da tanto gusto.
Me encantó, excelente contenido, me mantuvo pegada leyéndolo, definitivamente uno de mis favoritos, me llegó ❤️